En San Pedro, una localidad rural próxima al río Paraná, se rodó en 2004 esta "historia de amor, de pasión", según la define Menis. Allí se encuentra Félix, el joven vagabundo protagonista, con el niño que cambiará su vida, Chango, y con su familia. El paisaje estático, bello y desolado que enmarca esta película por momentos adquiere un papel propio. "Esa Pampa tan tranquila transmite un ritmo interior quieto, por debajo del cual discurre una violencia latente", explica Menis. Un campo bello y desolado sobre el que se construye esta fábula de amor y orfandad que remite de algún modo a la propia Argentina. "No es una historia de denuncia social, ni política, pero de alguna manera se ha colado la realidad del país en la película. El estado de ánimo, la orfandad de la población que quedó patas arriba tras la crisis, es un paisaje que perdura".
"La gente del campo no habla lo que nosotros en las ciudades. Quisimos ubicarnos en ese silencio; hablar sin adornos de colores", subraya Menis.